13/08/1964

 “Retorno”, Buenos Aires, 13 de agosto de 1964

Así como es de difícil armar una nacionalidad es de fácil desarmarla cuando no median los factores que la engrandecen y cohesionan. Estos nueve años de distorsión que los verdaderos poderes del Estado han tenido la virtud de destruir una comunidad que se encaminaba a la unidad nacional por los caminos de la justicia social, la independencia económica y la soberanía nacional. Se puede perdonar cuanto se ha destruido en el orden material pero, como argentinos, no podemos perdonar el intento de destruir el alma nacional.

Así como entendemos que la mayor crisis está representada por la carencia de patriotismo en las pretendidas clases dirigentes y en los llamados factores de poder, entendemos también que solo el sacrificio podrá ser el remedio. Solo el sacrificio ha sido en todos los tiempos la demostración más elocuente de las virtudes. De todas las destrucciones que se han operado en el país, la peor de todas ha sido la “destrucción del argentinismo”. Desde el mas encumbrado de los ciudadanos, que se somete a su pasión y no a su deber comunitario, hasta el mas modesto que asalta bancos o personas, están demostrando esa destrucción.

En la vida de los hombres, como en la vida de los pueblos, estos son los valores permanentes que permiten construir los demás. Se ha descapitalizado el país porque se lo ha saqueado de adentro y de afuera, un solo camino queda para capitalizarlo: cerrar las puertas de la descapitalización y trabajar para capitalizarlo nuevamente, porque el capital no es sino trabajo acumulado. El Pueblo que ahora gasta su esfuerzo en una lucha estéril debe volver al trabajo, pero para que ello suceda ha de existir quien se lo pida y sea obedecido. Ni los militares, ni el “Gobierno” están en esa situación.

Entre tanto la situación se deteriora cada día más. De la crisis de desequilibrio se está pasando imperceptiblemente a la destrucción de las fuentes de riqueza. De la crisis moral que ha caracterizado a esta situación se llega también imperceptiblemente a la carencia de patriotismo en la que cada uno piensa en sí mismo o en sus intereses personales o de círculo, sin percatarse que en una comunidad que no se realiza, nadie podrá realizarse. En los momentos actuales, ya no podrá pensarse en defender sólo lo propio, ni en desgastarse y desgastar al país en una lucha sin grandeza, porque lo que está en juego es el patrimonio moral y material de todos los argentinos.

Si no se piensa en ello, no podrá pensarse en soluciones en que el país tenga algo que agradecernos. Muchos son los que sostienen que el Gobierno está bien intencionado pero, desgraciadamente, dicen que el camino que conduce al infierno está empedrado de buenas intenciones. La terapéutica que está empleando es a base de aspirinas cuanto todo está indicando que a grandes males sólo pueden curarlos grandes remedios. El tratamiento a base de las recetas de la farmacia del pueblo no vale en los tiempos en que ya estamos desconfiando de los efectos de la penicilina.

Estamos llegando a un momento en que son indispensables las soluciones generales en las que intervengan todos los argentinos si en realidad de verdad pretendemos salvar al país del desastre que se aproxima. Los éxitos del “Plan de Lucha” de la C.G.T. en el campo sindical, han de extenderse en el futuro inmediato a todo campo político-social. Por algo se ha empezado, por lo menos hasta que las condiciones se vayan creando para extender su acción mediante la intervención de los factores decisivos de una total intervención popular.

Nuestro temor reside más en la conducta de nuestros enemigos que en la propia conducta, porque los hechos demuestran con elocuencia una incomprensión y una pasión que los enceguece precisamente cuando más necesitan ver. Si la persistencia de semejante ceguera los impulsa negativamente no tengo la menor duda que sucumbirán porque aun cuando fueran extraordinarios videntes – que no lo son – la solución del problema argentino es un hueso duro de roer.

El problema de la economía popular, maltrecha por los abusos y desatinos que han venido cometiendo, se ha transformado en causa y en efecto del mal estado social-político existente, así como la crisis de consumo ha sido causa y efecto de la caída de la economía nacional, porque los cuatro factores económicos (producción, transformación, distribución y consumo) deben mantener un equilibrio indispensable. Cuando congelaron los salarios y liberaron los precios, provocando la inflación desenfrenada, quitaron sistemáticamente el poder adquisitivo a la masa popular y con ello comenzaron a crear el desequilibrio que había de ser mortal a unos y a otros. Mataron la gallina de los huevos de oro, porque al arruinar la economía popular se arruinaron todos los que de una manera directa o indirecta dependían de ella, creando además una perturbación social que había de trabajar incesantemente en contra de todas las soluciones que no fuera restituir el poder adquisitivo injustamente suprimido.

¿Qué le pasaría a los Estados Unidos con todo su poder económico – si de golpe se le quitara a su Pueblo el alto poder adquisitivo que es quien impulsa incesantemente a su comercio, a su industria y a su producción? Peor aun nos ha pasado a nosotros, que no somos un país exportador y, en consecuencia, estamos obligados a producir el milagro en casa. Sin embargo hay que considerar que los Estados Unidos, siéndolo, ha confiado siempre más en el mercado interno que en el internacional, la prueba de ello es que su exportación no pasa normalmente del cinco por ciento de su producción.

Es que el “factor riqueza” de un país, depende tanto de su producción, transformación y distribución, como de su consumo, porque el equilibrio de estos cuatro factores depende realmente el equilibrio de toda la economía. Lo demás es solo trabajo. Cuando le pregunté al actual Canciller de Alemania sobre las causas del llamado “milagro alemán”, me contestó riendo: “todo no ha sido sino trabajo”. Alemania Occidental es en la actualidad el país de mayor “standard” de vida y todos los días se promueven nuevos ensayos para aumentar el consumo y la exportación. Su pueblo es el más altamente remunerado y los obreros tienen un alto consumo que a ningún economista además se le ocurriría disminuir. Así pueden mantener una economía de abundancia como la que nosotros teníamos antes de 1955, cuando tuvieron la desastrosa idea de castigar el peronismo popular con una economía de miseria, sin darse cuenta que esa miseria un día llegaría hasta ellos mismos.

De lo anterior se infiere que este grave problema, creado ficticiamente en el país, tiene que producir no solo un “Plan de Lucha” con la que existe en cada argentino que ha sido sumergido tan injusta como innecesariamente. La desocupación, que fatalmente debía ser la consecuencia de transformar una economía de abundancia en una economía de miseria, ha venido a agravar todo el problema, hasta el punto de poder afirmar que gobernar en la Argentina es crear trabajo, lo cual no puede realizarse sino con plan perfectamente establecido como el que regía en 1955, cuando hicieron la hazaña de dejarlo sin efecto.

Sólo cuando estos graves problemas estén resueltos se podrá pensar en soluciones integrales que, en el orden económico, son de una simplicidad al alcance de todos (como la ropa hecha). Si el Pueblo está en paz y trabaja con empeño y retribución justa, no puede existir problema económico en la Argentina, donde la riqueza está brotando sola de la tierra.

 

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